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El valor de la naturaleza


(Por Carlos Romero) Voy a defender en este artículo la idea de que valorar económicamente el medio natural representa tal vez el paso más importante para conseguir una correcta conservación del mismo. También voy a defender a lo largo de estas líneas que este tipo de valoraciones dista mucho de ser una tarea sencilla. 

La principal razón de esta dificultad reside en el hecho de que no existen mercados para la mayor parte de los bienes y males de naturaleza ambiental.

En efecto, no existe un 'mercado para el ruido' o un 'mercado para la calidad del aire'. Al no existir mercados no existen funciones de demanda para dichos activos ambientales por lo que no podemos medir, por ejemplo, la disposición a pagar por parte de un conjunto de ciudadanos por el disfrute de un bien ambiental o, por el contrario, su disposición a aceptar como compensación por sufrir un determinado deterioro de naturaleza ambiental.

Por otra parte, e íntimamente relacionado con lo que acabo de indicar, al no existir mercados tampoco existen valores de cambio (precios) para estos activos ambientales. Y tengamos en cuenta que los valores de cambio constituyen casi exclusivamente el único tipo de valor que hemos venido utilizando desde tiempos inmemoriales. ¡Romper con las tradiciones dista mucho de ser una tarea sencilla!

Que algo no tenga precio no quiere decir que no tenga valor para las personas; es decir que su uso no incremente el bienestar humano. Que duda cabe de que contemplar un paisaje, o respirar un aire puro, no tiene precio, pero sí conlleva un indudable valor para aquellas personas que disfrutan de tal tipo de bien ambiental.

El problema que estamos comentando de ausencia de precios lo ha abordado la economía, introduciendo una serie de conceptos de valor diferentes a los precios o valores de cambio. Así, se han establecido, entre otros, los conceptos de valores de uso, de opción y de existencia asociados al disfrute de un bien ambiental o al padecimiento de un mal ambiental. La agregación de estos tipos de valores conduce a la idea de valor económico total que no representa obviamente un valor de cambio, pero sí una medición aproximada del bienestar humano derivada del disfrute de un bien ambiental, o por el contrario, de evitar un mal de esta naturaleza.

Ahora bien, para determinar dichos valores, necesitamos estimar subrogados de las correspondientes funciones de demanda. Esta tarea, en absoluto fácil, se aborda con la ayuda de diferentes métodos, como la valoración contingente o el método del coste del viaje. Es importante no perder el sentido de la perspectiva y, cuando como resultado de aplicar alguno de estos métodos obtenemos una determinada cantidad monetaria, dicha cifra no debe interpretarse como un valor de cambio.

Así, cuando un grupo de investigadores coordinados por el profesor Pablo Campos recurrió a la valoración contingente para estimar el valor recreativo y de conservación del Parque Natural de Monfragüe la cifra obtenida, próxima a los 30 euros por visita, no representa un valor de cambio. Por el contrario, se trata de un indicador de valor expresado en unidades monetarias y por tanto una cifra muy útil para, por ejemplo, poder fundamentar determinadas políticas públicas que incentiven una correcta conservación de dicho espacio natural.

En definitiva, cuando no valoramos los bienes ambientales, solemos tender a asignarles implícitamente un valor nulo, lo que no permite una correcta conservación de éste o un valor infinito, lo cual carece de sentido práctico.

Me gustaría concluir recordando la famosa frase de Lord Henry en el 'Retrato de Dorian Gray' que reproduzco bajo estas líneas, pero en un sentido contrario. En efecto, cuando hablamos del medio natural no conocemos el precio de nada, pero intentamos estimar el valor de las múltiples funciones que nos proporciona dicho medio natural y que cumplen un papel vital para nuestro bienestar. Tal vez, si fallamos en conocer el valor del medio natural, también fallaremos en cuanto a saberlo conservar para nuestro disfrute y el de futuras generaciones.

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